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Entonces respondió Job y dijo:
2
-He oído muchas cosas como éstas;
consoladores gravosos sois todos vosotros.
3
¿Habrá fin para las palabras vacías?
¿Qué te incita a responder?
4
Yo también podría hablar como vosotros.
Si vuestra alma estuviera en lugar de mi alma,
yo también podría componer discursos contra
vosotros,
y por vosotros sacudiría mi cabeza.
5
Os alentaría con mi boca,
y el movimiento de mis labios traería alivio.
6 »Pero si hablo,
mi dolor no tiene alivio;
y si dejo de hablar,
¿qué se ha de ir de mí?
7
Pero ahora Dios me tiene agobiado.
Ha desolado toda mi compañía,
8
y me ha llenado de arrugas.
Mi debilidad responde en mi propia cara;
ha venido a ser testigo
y se ha levantado contra mí.
9
Su furor me ha despedazado,
pues me aborrece;
contra mí hace crujir sus dientes.
Mi adversario aguza su mirada
contra mí.
10
Contra mí han abierto su boca;
con afrenta han golpeado mis mejillas.
A una se han juntado contra mí.
11
Dios me ha entregado a los perversos;
me ha empujado a las manos de los impíos.
12
Yo estaba tranquilo, pero él me sacudió;
me tomó por el cuello y me despedazó.
El me ha puesto por blanco suyo;
13
sus arqueros me han rodeado.
Atraviesa mis riñones sin compasión
y derrama por tierra mi hiel.
14
Abre en mí brecha tras brecha;
contra mí arremete como un guerrero.
15 »He cosido cilicio sobre mi piel
y he hundido mi fuerza en el polvo.
16
Mi
rostro está enrojecido con el llanto,
y sobre mis párpados hay densa oscuridad,
17
a
pesar de no haber violencia en mis manos
y de ser pura mi oración.
18 »¡Oh tierra, no encubras mi sangre!
¡Que no haya lugar para mi clamor!
19
He aquí que también ahora
mi testigo está en los cielos;
en las alturas está mi defensor.
20
Mis amigos me escarnecen;
mis ojos derraman lágrimas ante Dios.
21
¡Oh, si alguien llevara la causa
de un hombre ante Dios
como entre el hombre y su prójimo!
22
Porque los pocos años se van,
y yo iré por el camino sin retorno.
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