La
tradición eclesiástica ha venido
atribuyendo la epístola a Pablo de
Tarso, y sólo desde el siglo XIX se
ha cuestionado esta idea. En la
actualidad, las opiniones están
divididas.
Los
autores modernos partidarios de la
autenticidad de la epístola se basan
sobre todo, aparte de la tradición
unánime de la Iglesia desde la época
de Ireneo, en la presencia en ella
de ideas características del
pensamiento teológico de Pablo, y en
la afinidad de la situación en ella
descrita con la
Epístola a Filemón, cuya
autenticidad no se ha cuestionado:
en ambas epístolas, el autor está en
prisión, y en las dos figuran los
mismos colaboradores.