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»¿Acaso no es una milicia
lo que tiene el hombre en la tierra?
¿No son sus días como los días de un asalariado?
2
Como el esclavo que anhela la sombra,
o como el asalariado que espera su paga,
3
así he tenido que heredar meses de futilidad,
y me han sido asignadas noches de sufrimiento.
4
Si estoy acostado, digo:
"¿Cuándo me levantaré?"
Y por la noche me colmo
de inquietudes hasta el alba.
5
Mi
carne se ha vestido de gusanos
y de costras de tierra;
mi piel resquebrajada se deshace.
6
Mis días son más veloces
que la lanzadera del tejedor
y se acaban sin que haya esperanza.
7 »Acuérdate de que mi vida es un soplo;
mis ojos no volverán a ver el bien.
8
El ojo del que me ve no me verá más.
Tu ojo se fijará en mí,
y yo ya no estaré.
9
Como la nube se deshace y se desvanece,
así el que desciende al Seol
no volverá a subir.
10
No volverá más a su casa,
ni su lugar lo volverá a reconocer.
11 »Por tanto, yo no refrenaré mi boca.
Hablaré en la angustia de mi espíritu;
me quejaré en la amargura de mi alma.
12
¿Acaso soy yo el mar o el monstruo marino,
para que me pongas bajo guardia?
13
Cuando digo: "Mi cama me consolará,
mi lecho aliviará mis quejas",
14
entonces me aterras con sueños
y me turbas con visiones.
15
Y así mi alma prefiere la asfixia y la muerte,
antes que estos mis huesos.
16
¡Me deshago! No he de vivir para siempre.
¡Déjame, pues mis días son vanidad!
17 »¿Qué es el hombre,
para que lo engrandezcas
y para que te preocupes de él;
18
para que lo visites cada mañana,
y para que a cada instante lo pongas a prueba?
19
¿Hasta cuándo no dejarás de observarme,
ni me soltarás para que siquiera trague mi saliva?
20
Si he pecado, ¿qué daño te hago a ti,
oh Vigilante de los hombres?
¿Por qué me pones como tu blanco,
y que yo sea una carga para mí mismo?
21
¿O por qué no perdonas mi rebelión
y quitas mi iniquidad?
Pues ahora yaceré en el polvo,
y si con diligencia me buscas, ya no estaré.
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