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»Pero ahora se ríen de mí los que son en edad más
jóvenes que yo,
aquellos a cuyos padres yo habría desdeñado poner
junto con los perros de mi rebaño.
2
¿Para qué habría necesitado yo
la fuerza de sus manos,
si su vigor se había ido de ellos?
3
Por la miseria y el hambre están anémicos;
roen la tierra reseca,
la tierra arruinada y desolada.
4
Recogen malvas entre los arbustos
y la raíz de la retama para calentarse.
5
Están expulsados de la comunidad,
y gritan contra ellos como a ladrones.
6
Habitan en los barrancos de los arroyos,
en los huecos de la tierra y de las peñas.
7
Chillan entre los arbustos
y se apiñan debajo de los espinos.
8
¡Insensatos! ¡También gente sin nombre,
echados a golpes de la tierra!
9 »Pero ahora he llegado a ser su
canción;
soy el tema de su habladuría.
10
Me abominan y se alejan de mí;
no se refrenan de escupir mi cara.
11
Porque Dios ha aflojado la cuerda de mi arco y me ha
afligido,
ellos se han desenfrenado en mi presencia.
12
A
la derecha se levanta la chusma;
empujan mis pies y preparan contra mí
sus destructivos caminos.
13
Arruinan mi senda;
se aprovechan de mi destrucción.
No hay quien los detenga.
14
Entran como por amplia brecha,
y dan vueltas en medio de la devastación.
15
Los terrores se han vuelto contra mí;
mi honor es perseguido como por el viento,
y ha pasado como la nube mi prosperidad.
16 »Ahora mi alma se derrama en mí;
los días de la aflicción
se han apoderado de mí.
17
La noche me taladra los huesos,
y los que me corroen no reposan.
18
Con gran fuerza es desfigurada mi vestidura;
me aprieta como el cuello de mi túnica.
19
Tú me has arrojado en el lodo,
y he llegado a ser como el polvo y la ceniza.
20
Clamo a ti, y tú no me respondes;
me presento, y tú no me atiendes.
21
Te has vuelto cruel para conmigo;
con el poder de tu mano me persigues.
22
Me levantas, me haces cabalgar sobre el viento,
y luego me deshaces en la tormenta.
23
Porque sé que me conduces a la muerte,
a la casa destinada para todos los vivientes.
24 »Sin embargo, ¿no extenderá su mano el
que está en la ruina?
¿No clamará a él en su infortunio?
25
¿No he llorado por aquel cuya vida es difícil?
¿No ha tenido mi alma compasión por el necesitado?
26
Cuando esperaba el bien,
me vino el mal;
cuando aguardaba la luz,
vino la oscuridad.
27
Mis entrañas hierven y no tienen sosiego;
los días de mi aflicción me han alcanzado.
28
Ando enlutado y sin consuelo;
me levanto en la asamblea y clamo.
29
He llegado a ser hermano de los chacales
y compañero de las avestruces.
30
Mi
piel ennegrecida se me cae,
y mis huesos arden de calor.
31
Mi
arpa ha llegado a ser para el duelo,
y mi flauta para la voz de los que lloran.
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